ALSEA vs Soriana: Lo que la Crisis Está Enseñando.

La semana pasada reventó la crisis del famoso Coronavirus, y es muy probable que este fenómeno transforme de manera definitiva la forma en que entendemos los negocios.

En pleno torbellino de noticias, ALSEA lanzó un comunicado principalmente dirigido a los inversionistas. Al ser una empresa pública,  intentó calmar los ánimos de los mercados, que sin excepción alguna, no sólo en el país sino en el resto del mundo, estaban (están) en pánico.

Dentro del comunicado ALSEA dio a conocer una medida para disminuir gastos: Enviar a los colaboradores que así lo desearan 30 días de descanso sin goce de sueldo. Aquí es cuando el cerillo alcanzó la paja. Comprendo desde la perspectiva de una empresa que va a enfrentar una inminente crisis, estas medidas y otras se pongan sobre la mesa, se decidan. Lo que resultó catastrófico para ALSEA fue el timing y no prever lo que el mensaje  enviaba a otros “stakeholders” de la empresa: sus propios colaboradores y sus clientes.

Rápidamente, como sucede con estos casos, las redes se incendiaron. Se propagaron mensajes de boicot contra Starbucks y otras marcas que ALSEA opera en el país. La empresa fue tachada de inhumana, insensible, irresponsable. En un escueto comunicado, ALSEA respondió al día siguiente. Lejos de rectificar o mandar un mensaje sensible, la compañía explicó que “La licencia voluntaria es una de varias medidas que estamos aplicando para tratar de preservar los más de 41,500 puestos que ofrecemos en el país; estamos apelando a esquemas de flexibilidad laboral”. Una respuesta redactada por un técnico del área de relación con inversionistas. Sin alma. Sin un apellido Torrado que firmara la misiva. Sin una disculpa o una intención de rectificar. ¿Se le puede juzgar a ALSEA como empresa por tomar una decisión así? No lo creo. En el contexto actual las empresas tienen que prevalecer para que millones de personas no pierdan sus empleos de forma permanente y la economía no colapse. ¿Existen otras maneras de lograrlo sin afectar a los colaboradores? Sin duda, y eso es lo que ALSEA también planteaba en su documento. Estos tiempos requerirán medidas duras, y la industria de Restaurantes donde ALSEA se desempeña, será de las más castigadas.

Ahora, lo que hizo Soriana. En un comunicado en redes sociales, casi al mismo tiempo que el de ALSEA, transmitió una medida que fue recibida con aplausos. Decidió enviar a todos los “cerillitos” de más de 60 años a sus casas y les aseguró un pago del doble de lo que ingresan en propinas para que estuvieran tranquilos, sin necesidad de salir.

Lo que Soriana capitalizó en conexión y reputación positiva para su marca  vale mucho más que el esfuerzo económico que destinará para estos apoyos, pero lejos de las razones monetarias para una u otra decisión, lo que quedó muy claro para la mayoría de las personas es que Soriana estaba haciendo lo correcto. ALSEA No.

Uno de los cambios más profundos que estimo veremos a partir de esta crisis es la manera en que los consumidores y en general los stakeholders valoran a las empresas. Estoy convencido que el shock acelerará el proceso de transformación de las organizaciones y serán muchísimo más conscientes de su entorno, de su comunidad, de sus personas, si quieren sobrevivir. En parte por el ojo vigilante de una sociedad que todo lo expone y porque viviremos en un mundo más sensible y alertas a estas conductas . Hoy más que nunca podemos esperar lo que ya se ha demostrado sistemáticamente: Los modelos de negocio que toman en cuenta a su entorno resultan mucho más rentables en el largo plazo.

Que la lección de ALSEA ayude a las compañías a comprender un nuevo paradigma de la economía global. La solidaridad, la compasión, la ética laboral, la sensibilidad y la integridad con la que se toman las decisiones se están convirtiendo en los activos más importantes para una marca. Pero más allá, como gerentes, socios, empresarios, si no comprendemos que nuestra compañía es un vehiculo para servir, y para transformar positivamente nuestro entorno, entonces no merecemos la posición.

Por el bien de México y de su economía, espero que ALSEA, Soriana y muchas empresas podamos transitar esta crisis y sobrevivamos. Espero también que el aprendizaje sea profundo sobre lo que es importante, sobre el valor de hacer lo correcto.

¿Cuánto tiempo?

LA PREGUNTA resume el estado actual ¿Cuánto tiempo? en ella se esconden otras preguntas ¿Qué tan fuerte? ¿Cuántas vidas? ¿Cómo le voy a hacer? ¿Cuánto dinero?

Las críticas gubernamentales, las teorías de conspiración, los esfuerzos por comunicar o desinformar empiezan a pesar cada vez menos. La ansiedad, la angustia, el enojo, la frustración se hacen más notables. La realidad externa parece haberse metido. Incomoda pues todo resulta fuera de la normalidad.

Entonces surgen voces internas de cuestionamiento a esa ya-antigua normalidad. ¿En realidad era sostenible tanta “comodidad”? lo que consumíamos, lo que viajábamos, ¿la atención que le dábamos a lo valioso versus el precio de lo que pagábamos por lo costoso? Como humanidad estamos despertando en nuestra vulnerabilidad en medio del pico más alto de egocentrismo. Solos y no podemos compartir esta soledad con casi nadie. Menudo valor para los millones de follows en confinamiento. Entonces nos cuestionamos la autenticidad de nuestra plenitud. En cuatro paredes ¿podemos seguir aparentando?

Si comprendemos desde una perspectiva donde existe una inteligencia mayor, ya sea de dios, de la tierra, de las plantas o del cosmos, la realidad que vivimos es un ajuste. Un re-balance. Una sacudida que nos saca de una zona de confort en la que ni siquiera habíamos visto que habitábamos. En pocos días nos hemos enfrentado a la incertidumbre, pero también a la cotidianidad escondida. A la realidad de nuestro hogar, nuestras familias, nuestro espacio vital que quizás evadíamos en nuestra operación diaria. El proceso se convierte en una confrontación en tres vías. 1. El exterior que constringe; 2. Mi circulo cercano que confronta y espejea; 3. Mi realidad interior  ineludible y amplificada.

Y la pregunta sigue siendo la misma ¿Cuánto tiempo?

Me gustaría replantear la pregunta. ¿Cuánto tiempo para que en vez de regresar a la normalidad de antes, tengamos que transitar a una nueva realidad?

Si pasan dos o tres meses, quizás regresemos a la de antes. Golpeados. Con menos  recursos, y deudas que no preveíamos. Es probable que nuestros negocios o trabajos continúen. Dentro de esta antigua normalidad nos enfermaremos de lo que nos íbamos a enfermar. Nuestro planeta terminará por dar los coletazos que ya se anunciaban, y la normalidad de antes simplemente habrá aprendido a que ante el menor brote, todos vamos pa’ adentro sesenta días. De ser así, en algunos años voltearemos a estas semanas y les daremos sólo un valor anecdótico.

Pero ¿qué pasa si los escenarios “catastróficos” se cumplen? ¿Si la economía colapsa, junto con las líneas aéreas, el turismo y una buena parte de la industria? ¿Si la mayoría perdemos nuestro trabajo y nuestro sustento? ¿Si vemos a muchos de nuestros seres queridos morir por falta de preparación en las autoridades, o simplemente porque el efecto sea imposible de controlar? Este escenario se mantiene vigente. ¿Qué pasaría si los mercados financieros se derrumban y lo perdemos todo? ¿Si los sistemas de pagos o ahorros se ven comprometidos por una caída generalizada en las fuentes de poder o redes que las sostienen? (y con esto no me refiero a la FED o los Rothschild, sino a la CFE).

¿Cuánto tiempo para que nuestra normalidad sea dramáticamente transformada? Y en ese momento, ¿Cómo estarán mis otros “aspectos de normalidad”? ¿Veremos una sociedad que, a través de relaciones de familia desgajadas se vuelcan en violencia? ¿Nos volveremos seres  irracionales con conductas de bestias de caverna? o ¿veremos seres humanos más conectados primero con nosotros mismos, con nuestro círculo cercano, y después con el resto del mundo?

Y ¿cuánto tiempo necesitas tú para cambiar tu normalidad? Reconocer lo que sientes y poder observar con un ojo crítico lo que esta llamada te está queriendo decir a TI. ¿Cuántos días tendrán que pasar para transformar tu presencia, para poder reconocer el reto, y estar a la altura? O en el congelamiento del choque de incertidumbre ¿Te quedarás como espectador de tu propia degradación?

Necesitamos actuar en las pequeñas cosas. En la prudencia, en la compasión, en la colaboración. En calma ante lo que desconocemos, lo que no podemos prever ni controlar. Quizás sea el momento en que el universo nos pone a prueba para empujarnos a nuestro más alto grado de congruencia. A revisar nuestro cuerpo, nuestra familia, nuestro consumo, nuestro impacto ambiental. A revisar nuestra historia y retomar lo que es importante. A dedicarle tiempo a nuestra pasión e impeir que nuestra resistencia se alimente de angustia. Pensar en salud, actitud, acción, entendimiento, aprendizaje, desarrollo. Ejercitar el cuerpo y la mente en los ratos que podamos. Hablar con nuestros hijos y llamar a nuestros padres. Planear la vida que viene. Comprender las oportunidades de cambio profundo y no sólo el oportunismo de corto plazo. Estar en un espacio de amor. Amor propio primero. Amor a los que tenemos cerca.

Y entonces, el tiempo que pase (con todo lo que se lleve de calle, en medio del dramatismo, la crisis financiera y de identidad, en la violenta ruptura de los paradigmas que nos han formado) habrá valido la pena.

Respuesta a Greta

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Greta,

No sabría como empezar. “Estimada Greta” quizás sonaría muy formal; “admirada Greta” sería más honesto pero raro; “Querida Greta” abusaría de una relación emocional que es inexistente; y quizás “Maldita Greta” fuera más honesto, no por que haya maldad en ti, todo lo contrario, sino porque hace mucho tiempo un personaje no lograba en mi tanta incomodidad.

Te platico brevemente de mi. Soy un ciudadano promedio. Tengo la ventaja de haber viajado y visto el mundo desde la hermosa perspectiva del 5% y como parte de esa privilegiada proporción, he tenido acceso a salud, casa, ropa y sobretodo educación. Con relación al medio ambiente, hace algunos años participé en una fundación que inició algunos proyectos en comunidades cercanas a la reserva de Montes Azules en Chiapas, y, aunque el esfuerzo sé que tuvo un impacto en esa comunidad, no trascendió como soñábamos. Después continué mi esfuerzo en una fundación dedicada la Educación. Quiero compartirte que este año hemos decidido volcar los esfuerzos de la misma a temas de Educación Ambiental, y tú has sido en gran medida la culpable de este cambio. En mi casa, trato siempre de tener un par de cubetas en mi regadera cuando me baño y usar esa agua para el WC. He disminuido mi consumo de carne sin erradicarlo del todo, evito cada vez más las bolsas de plástico y en general el plástico de único uso… Durante casi 8 años no tuve coche, y mi medio de transporte favorito son mis dos piernas cuando la distancia y el clima me lo permite. Tengo un hijo de 1 año 9 meses y con tu discurso de hoy, en el que nos cuestionas a todos “¿Cómo te atreves?” vi a mi hijo, en un futuro no muy lejano, iracundo, reclamándome cada una de las acciones que he dejado de hacer a partir de ser consciente de esta realidad. ¿Qué mayor incentivo podemos tener para cambiar y movernos a los confines más incómodos que exige la revolución que encabezas, que la propia vida de nuestros hijos? y a pesar de estar convencido sigue siendo muy difícil actuar en congruencia. No sé si sea falta de convicción o simplemente una inercia demasiado poderosa y compleja de combatir. Como cuando enciendo un cigarrillo para apaciguar un deseo instantáneo aun sabiendo que con cada fumada mi posibilidad de vivir una adultez y una vejez sana disminuyen. Es una enorme paradoja que vive dentro de mi, sé que quiero vivir, y al mismo tiempo actúo en el sentido opuesto a mi deseo.

¿Será que somos en el fondo una especie tanto más auto destructiva de lo que nos gusta reconocer? Las guerras y la indiferencia sostendrían esa tesis. Pero no quiero desviarme con la humanidad, cuando el ejercicio de auto entendimiento es de por si complejo. Hoy dormí a mi hijo y tus palabras seguían taladrando mi cabeza. “¿Cómo te atreves?”. Cómo te atreves a comprar un café en un vaso de papel cubierto; Cómo te atreves a fumar los 3 cigarros que se interpusieron en un día con una especial carga de trabajo y de estrés; Cómo te atreves a comprar un vaso (de plástico) de jícamas con chile que no resistí a media mañana y que ponderé más sano que una bolsa de papas; ¿Cómo se convierte uno en lo que tú esperas cuando has puesto la vara tan alta?

Y por eso, Maldita Greta, tu movimiento quizás esté condenado al fracaso de cualquier utopía, porque cambiar el clima es una tarea tanto más pequeña si la comparamos con el cambio que tenemos que hacer internamente para lograrlo. No hay calor que nos haga sentir más incómodos que revirar nuestros hábitos mas enquistados, muchos de los cuales contribuyen a esa temperatura creciente, a esa inconsciencia con la que todos los días tomamos pequeñas decisiones que podrían ser diferentes, pero que por comodidad, desidia, o simplemente falta de congruencia, decidimos ignorar.

Por eso, Maldita Greta, es que te has vuelto Maldita, porque ahora la incomodidad de esa incongruencia se hace más grande y más molesta. Y ahora un vasito de unicel en las manos de otra persona me provoca un “¿Cómo te atreves?” impronunciable, porque quizás otro día ese vaso esté en mis manos, o porque no siento mis manos libres de unicel como para lanzar la primera piedra. Y porque tampoco creo que el cambio esté en la confrontación y en la violencia. ¿O sí? Maldita Greta que hasta los valores más fundamentales estás poniendo en duda.

Tengo que confesarte que soy más parte del problema que de la solución. Soy economista y he participado de la premisa de que más es mejor, y que si obtenemos más recursos, más dinero, más utilidades e ingresos, y por ende más consumo, estamos en una curva de indiferencia más lejana al origen. En palabras mundanas, en un lugar teórico de mayor bienestar. Pero Maldita Greta, hasta eso has venido a cuestionar. Curiosa paradoja que el estado de mayor bienestar sea el más lejano al origen. Cuando quizás todo debería ser al revés. Que los humanos buscáramos trabajar menos, para generar menos, para consumir menos. Y entonces valorar la realidad que tenemos frente y que, al viajar menos, abrazáramos nuestro espacios vitales con un cariño distinto. Dejar de comprar por reflejo, pasar de lo barato a lo bueno, y de lo desechable a lo duradero, siempre colando nuestras decisiones por lo que es verdaderamente importante: El origen, la necesidad, la funcionalidad, la durabilidad. Cuando digo el origen me refiero del producto y de todos nosotros. El origen y el destino. Lo verdaderamente útil, la necesidad de encontrar nuestras economías en el no desperdicio, y no en la necesidad absurda de tener más para sólo desbordar los rellenos sanitarios de cosas que fueron. Una cosmovisión tan materialista que sólo le de un valor material a las cosas, y entonces poder liberar nuestro tiempo, nuestro potencial, nuestro espíritu en lo verdaderamente importante. El servicio, la salud, el amor, nuestras relaciones fundamentales, las causas, como la tuya, que nos llenan de propósito y energía. Convertirnos en verdaderos héroes de nuestro tiempo, y no seguidores de los falsos profetas de la felicidad y bienestar que nos encontramos en cada publicación pagada.

Y ahora, Maldita Greta, que has marcado el camino de la incomodidad del cambio, con las razones y el corazón necesario para volverlo inevitable, no seguirte ya no es opción, incomodar a otros parte del propio camino, y Maldita Greta, espero que lo logremos juntos y mi hijo pueda verme en unos años y decir “gracias por atreverte”.

AMLO: Dos dogmas huecos que le darán la presidencia.

La contienda electoral de este año parece empezar a marcar a un inevitable ganador. El candidato de Morena sin embargo no ha ajustado su plan de país o profundizado en mejores propuestas. Su campaña sigue sin establecer con claridad los cómos, al igual que en las dos campañas anteriores. Entonces ¿Qué lo tiene tan arriba, al margen de lo flaco de la “caballada”? Me parece que la respuesta se centra en dos propuestas que casi se han vendido como verdades o dogmas al rededor del candidato. Dos esperanzas que, nuevamente sin decir cómo, será la gran diferencia entre su gobierno y los anteriores: La corrupción; y lo que se podrá hacer con ese dinero que en el imaginario colectivo, y en parte en la realidad, hoy desaparece todos los días de las arcas del gobierno.
Andrés Manuel entendió que el cinismo y el descaro con el que se ha manejado el país es sin duda su mejor activo. Y el electorado parece responderle favorablemente. La expectativa de que Andrés Manuel puede terminar con la corrupción es el anhelo que está convenciendo a muchos de los votantes moderados que en elecciones pasadas le dieron la espalda.
Ahora,  ¿qué tan real y qué tan factible es esa bandera anticorrupción de Morena? Aquí hay dos ángulos. El pasado y el futuro.
Si revisamos la gestión de AMLO durante la jefatura de gobierno, así como muchas de las entidades que han sido gobernadas por su partido político, no se han distinguido por ejemplares en temas anti corrupción. En el DF, por ejemplo, los gastos de los segundos pisos fueron reservados como información confidencial, y aunque el escándalo se centró en Bejarano y los billetes, no podemos olvidar que el empresario Ahumada estuvo detrás de muchas de esas obras. Opacidad y corrupción son un binomio no solo conveniente sino vital para que el segundo pueda subsistir. En ejemplos más recientes, Delegaciones como Tláhuac o Cuauhtemoc se han visto inmersos en escándalos donde las autoridades delegaciones fueron señaladas por favorecer con contratos a empresas de personas cercanas al delegado, funcionarios de alto nivel atrapados con inexplicables cantidades de efectivo, o vínculos directos con asociaciones criminales dentro de su demarcación. Decir que Morena terminará con la corrupción, es al menos una afirmación que en los hechos no ha correspondido con la experiencia de gobierno del propio candidato, como tampoco lo ha sido dentro de las más importantes demarcaciones que hoy gobiernan.
Hacia el futuro, la promesa de eliminar la corrupción sólo con la buena voluntad y ejemplo moral del líder, resulta no sólo ingenuo sino hasta sospechoso como argumento. El estado impoluto soy yo, parece decir AMLO en tono Luiscatorciano. Sin embargo la corrupción es un fenómeno demasiado complejo para erradicarlo con pura voluntad. La corrupción en el país trasciende a un problema meramente “cultural”. Es una realidad sistémica. Donde quienes tienen el poder de realizar los cambios de fondo que podrían cimbrar las estructuras de ese sistema tienen todos los incentivos para no hacerlo. El país se ha movido en la dirección correcta, aunque de manera tímida en ese sentido. El Instituto Federal de Acceso a la Información, el Sistema Nacional Anticorrupción, la reciente eliminación del fuero, o la misma presión de los medios, se han convertido en herramientas más o menos eficaces para impulsar el escrutinio público. Sin embargo estas estructuras carecen hoy de los dientes necesarios para poder “morder” de fondo a los responsables. El problema de la postura de AMLO es que no propone con claridad los mecanismos de transparencia, rendición de cuentas y sobretodo de fortalecimiento a los diferentes órganos que pudieran funcionar como verdaderos contrapesos para apuntalar un cambio de fondo en el sistema actual. Y ahí es donde hay que preguntarse si es porque no lo entiende o porque no lo quiere hacer. Al final, es innegable que si bien a él no se le ha podido relacionar directamente con actos de corrupción, su modus operandi y sus estructuras, necesarias para construir su base electoral, operan con las mismas prácticas que los partidos más viciados. Quizás AMLO sepa que será a través de esos mismos mecanismos que podrá controlar y gobernar. Pero eso no quiere decir que la corrupción va a cambiar. Simplemente va a cambiar de manos.
El segundo argumento es todo lo que se puede lograr con esos quinientos mil millones de pesos, que si bien es poco claro de donde viene la cifra, nadie la puede refutar. ¿Será que tanto se roban los políticos? quizás. Ahora, asumiendo que el combate moral a la corrupción resulta ser sorprendentemente efectivo, y que AMLO, si llega a ser presidente, logra esos “ahorros” en la hacienda pública, ¿Qué implicaciones tiene este “excedente” bajo la postura del hoy candidato para el resto de las personas? Y ahí nuevamente AMLO plantea ideas muy muy viejas y cuestionables. Se habla de inversión, mucha inversión en infraestructura, aunque se opone al mayor proyecto de infraestructura del país. Habla de becas y apoyos a jóvenes, sin embargo estas medidas no van a resolver una desigualdad de fondo, como tampoco harán que el país crezca en el número y la calidad de las oportunidades que los jóvenes necesitan. Sus alianzas con sindicatos siniestros pareciera que sin duda una parte importante de esos excedentes regresarían a la opacidad y el control de estos poderosos grupos clientelares, y paradójicamente, la visión del estado rector e impulsor de la economía es de las formas más fáciles de generar designaciones discrecionales o con fines políticos, lo que haría aun más complejo el mantener todo ese sistema transparente, limpio y honesto.
Estoy convencido que con esta visión de ataque a la corrupción y, por otro lado, la expansión de la economía a través del gasto de los supuestos excedentes, dejarían al grueso de la población en el mejor de los casos en una situación muy similar a la que están hoy. Esto si se cumple la débil promesa de no interferir con los fundamentales de la economía de mercado: Banco de Mexico, precios de garantías o acciones intervencionistas que con el afán de “demostrar” un cambio, pueda, ahí si, representar una ruptura muy profunda en la estabilidad económica del país y de las familias. La falta de resultados puede ser la brecha más peligrosa hacia la intención bolivariana.
Ahora, regresado a la promesa fundamental del Candidato de Morena, no sólo creo que la corrupción no desaparecerá. En el mejor de los casos podrá mejorar marginalmente, solo cambiar de manos o incluso empeorar. Esto dejaría al probable próximo gobierno sin los “recursos excedentes” para lograr su ambicioso plan setentero de revolucionar al país institucionalmente. Y ahí, cuando el desencanto sea cada vez mayor, y el líder amado ya no se sienta así, ahí sí es cuando puede empezar el verdadero peligro.

Gálvez vs AMLO

El futuro del país me preocupa. La incertidumbre parece reducir el futuro del país en 2 caminos: o la continuidad de la corrupción, o el cambio hacia el terreno de la demagogia. ¿Cual es el menos peor? La respuesta nunca dejará de ser controversial, pero como bien lo mencionó Isaac Katz, académico del ITAM en un twit reciente: La corrupción inhibe el crecimiento económico, la demagogia destruye la economía. Coincido parcialmente con su opinión. Al menos lo suficiente como para tener claro que sí podríamos estar peor con AMLO.

Ahora, ¿Por qué Xóchitl contra AMLO? esto suena a una aspiración presidencial de la actual delegada de Miguel Hidalgo, pero es evidente que Galvez no se encuentra, al menos no todavía y para esta vuelta, en la lista de presidenciables.

¿Entonces?

Algo quedó muy claro en la elección del Estado de México, y en las pasadas 2 elecciones presidenciales. AMLO resulta ser muy malo en elecciones cerradas. No consolida alianzas, su temperamento lo hace pelearse con medio mundo y mandar las señales más equivocadas a quienes comienzan a considerar votar por él o por su partido. AMLO no ha comprendido que las elecciones en Mexico se han ganado y se seguirán ganado en función de quien sepa seducir a ese elector apartidista, fuera de la ideología y el dogma. Ese elector que intuye y lee las señales más finas sin quizás saberlo.

¿Por qué Galvez? vamos a meternos por un momento en la cabeza de Andrés Manuel. Su discurso se centrará en la corrupción y el mal gobierno. Eso ya lo sabemos todos. No sabemos aun quien podrá ser ese candidato de oposición o independiente que se le acerque en las encuestas. No sabemos si veremos el intento de un Macrón Mexicano, o una optimista aproximación. Lo que hoy tiene seguro AMLO es su bastión: El DF.

¿De verdad lo tiene seguro?

Sus 3 gallos hasta el momento parecen tener menos “punch” que la maestra Delfina. Un Monreal con ya varias denuncias encima de él y una pésima labor en la Del. Cuauhtemoc; Claudia que sonríe menos que Cuauhtemoc y Batres que pareciera un mal remake de los líderes del Partido Comunista de 1960. AMLO se confía, no hay perredistas ni panistas con fuerza tampoco.

Pero Xóchitl puede tener un juego diferente. Tiene credibilidad y el empresariado la respeta. A pesar de las jaurías vecinales, ha sabido sobrellevar los conflictos con acierto, y cuenta con un equipo de gente respetable que ha cumplido con con sus funciones. El juego de Xóchitl en el tablero puede representar mucho más que una candidata digna para el gobierno de la CDMX. Xochitl puede poner en grandes aprietos a Andres Manuel. Xóchitl puede apedrear el gallinero que AMLO ve hoy como su terruño más fiel. Y en un escenario donde AMLO necesita tener todo su enfoque fuera de casa, y construir una candidatura en los estados donde Morena y él mismo aun generan mucha desconfianza, ver que le compiten “su Ciudad” lo puede volver loco.

Y ver a AMLO volverse loco es el mejor escenario para sus contrincantes.

Xóchitl puede, si juega bien sus cartas, matar dos pájaros de un tiro. Ser una digna contendiente para gobernar la ciudad, y al mismo tiempo sacar a Andres Manuel de su centro, distraerlo hasta que él mismo se pierda. Ayudar a quien sea que le haga competencia.

Para esto Xóchitl necesita comprender que no tiene ni amigos ni enemigos pequeños. Que la visión de ciudad empieza atacando los problemas más relevantes, entrando al debate como jugador importante y estableciendo alianzas que le permitan construirse como una alternativa viable, de poder, con fuerza. Con la credibilidad de quien ha abanderado al PAN sin mezclar su ADN con sus malas prácticas o su ideología conservadora. Alguien que nunca ha dejado de ostentarse como independiente pero que en su favor puede echar mano del sistema. Con aliados que pueden figurar de manera muy importante como Arne, si el esfuerzo se orienta en construir una agenda, y no seguir levantando botes.

Ya veremos si Xóchitl se logra meter en la pelea, pero sobretodo, si llega ahí,  en la cabeza de AMLO. Ojalá.

¿Por qué AMLO NO?

Hace algunas semanas coqueteé con lo impensable. Al ver el deterioro de las cosas al grado al que están, me cuestioné si votaría por AMLO en 2018. El sólo cuestionármelo ya es para mi algo que en mucho tiempo hubiera considerado impensable. Quizás le vendría bien a este país un buen jalón de orejas y cambio de formas. Pensé. Igual le vendría bien una violenta cacería de brujas y ver finalmente al expresidente en prisión. Quizás.

Pero pronto recuperé mi anti Amlismo. Y aquí expongo algunas razones para sustentarlo.

  1. El menos peor no es virtuoso: Mucha gente responde, ante las críticas a AMLO, ¿Pero, entonces votarías por el PRI o por el PAN? independientemente de que no me considere partidario de ninguno, me parece que esa respuesta no es la correcta. Si su adoración por AMLO es porqué es mejor que el PRI, de verdad tenemos un serio problema de donde ponemos la vara para medirnos. No sé por quién termine votando. Y no se si mi voto termine siendo determinante, pero apoyar abiertamente a un candidato, porque él dice que va a arreglar todo lo que los otros han hecho mal, pero con total ausencia de “cómo” y con un “track record” bastante cuestionable, me parece sintomático de la mediocre naturaleza conformista arraigada en nuestro ADN . No señor, yo no pienso darle mi apoyo al menos peor.
  2. No es transa. Eso puede ser que sea cierto. AMLO no ha demostrado actuar para ser él el beneficiado directo. A pesar de que le han buscado hasta por debajo de las piedras, al parecer AMLO no se ha enriquecido, ni tiene negocios lícitos o ilícitos como la mayoría de la clase política. Eso habla de la personalidad del personaje, no le interesa el dinero. De acuerdo. Pero ¿eso lo hace el mejor, o necesariamente “bueno”? No señor. Esta persona ha demostrado durante décadas que lo que le interesa es el poder, y dudo si el poder por el poder sea más peligroso que el poder por el dinero. Hasta ahora esa obsesión enferma por llegar lo ha llevado a desacreditar a TODO lo que no está a su favor: Periodistas, críticos, caricaturistas, encuestadores, ONG’s, jueces, “instituciones”, empresarios y rivales. TODOS son parte de un comoplot si no se alinean al discurso del Mesías. TODOS.
  3. No es transa pero juega las mismas reglas del sistema. AMLO no se ha enriquecido. Pero ha permitido que en toda su estructura, su partido y sus partidarios operen de la misma manera que los viejos partidos: Con concesiones a oscuras, sin responsabilizarse de actos de corrupción evidentes, y sin la menor auto crítica. En Morena AMLO manda. Punto y se acabó. Personas cercanas a él confabulan con recursos, transan igual que los de otros partidos, pues Andrés lo sabe, el dinero y las concesiones son necesarios para ganar. Quizás no tiene la vorágine Duartiana de embolsarse los recursos a la mala, ni le apetece de ninguna manera jugar al jet-set de Miami, pero conoce las cloacas del sistema, los juegos de poder y de intereses. AMLO no cambiaría de ninguna manera el sistema de corrupción que invade todo el sistema. Su paso por el GDF lo demuestra. La opacidad en su toma de decisiones y la arbitrariedad con la que decide el rumbo de su partido, hablan de un príismo demasiado enquistado en su personalidad.
  4. El dogma como forma de convencer. Tenemos una clase política tremendamente cínica, en todos sus niveles y en todos sus partidos, incluido Morena. Pero creo que de los defectos, el dogmatismo se desayuna al cinismo. Vemoslo así, el cinismo necesita de una población pasiva e ignorante para que las “cosas pasen”. El dogmatismo utiliza esa misma población ignorante en favor de una causa aparentemente “moral”. El riesgo está en que ante el cínico la gente puede reaccionar y cambiar. Ante el mesitas, la gente deja de pensar por qué está detrás de él por una “convicción”. Y cualquier crítica (incluida la auto) resulta imposible pues conlleva una emoción de traición. No se puede criticar al bien. No se le puede juzgar ni exigir cuentas. Las deidades son muy peligrosas en la tierra, la historia no sólo de las dictaduras, sino de las monarquías nos lo han dejado claro.
  5. La incoherencia detrás del dogma. El bien cuando conviene. Cuando se le critica entonces se es arrojado del paraíso. Pero si el jugador tiene relevancia, tiene poder para la causa, entonces será bienvenido, absuelto, y defendido como parte de los soldados luminosos. Y ahí tienen a Bartlett, Monreal, o la desbancada reciente del PRD. Lo peor es que ante el dogma, el mesías difícilmente se rodea de los mejores. Los mejores prefieren pensar a sólo obedecer.
  6. La irresponsabilidad. Estoy convencido que cuando alguien alude su responsabilidad, está condenado a serle inútil a la solución. AMLO ha eludido su responsabilidad en episodios tan trágicos como los de Ayotzinapa y su apoyo a Abarca. Si uno evade su responsabilidad, al menos es honorable no apuntar al de al lado…
  7. Su tibieza en temas fundamentales. Nuevamente, como el poder es lo más importante, la postura ante situaciones controversiales se convierte en un juego suma negativa para el mesías que busca la aprobación de todos en todo. AMLO no se ha pronunciado a favor de temas de libertades fundamentales como el aborto, el matrimonio igualitario, o la eutanasia, ni ha condenado gobiernos posiblemente aliados o afines como su terrible y complice silencio ante la situación de Venezuela. No oliviemos como justificó los linchamientos de hace algunos años hablando de “el México profundo”. Y pues sí, es profundamente mexicano ser ambiguo en temas controversiales. O probablemente otros llamarían cobarde.
  8. El resentimiento. Me es imposible ver la cara de Andrés Manuel y no pensar en una persona profundamente resentida con la vida, con una clase política que le dio la espalda y que ahora quiere conquistar a la mala. Los comics que mandó imprimir cuando era Jefe de Gobierno para burlarse de las marchas por la seguridad habla de como, muy en el fondo, en él existe un resentimiento hacia el sector “acomodado” del país. Creo que es sano luchar contra la desigualdad y el profundo racismo y clasismo que predomina en nuestra sociedad, pero cualquier lucha que nace del odio la condena a contaminarse de él. Y lo que necesita este país es que ricos y pobres se vean las caras, pero en la mesa sentados, en los salones de clases de las universidades, no en un campo de batalla.
  9. Su historia. El señor no aceptó resultados electorales, despotricó contra todos sin pruebas. Y el absurdo de su protesta lo llevó a “tomar protesta” como presidente “legítimo” ¿Qué lo legitimó? una votación en el zocalo a mano alzada. Si 2/3 partes de la población no votaron por él, ¿Con qué derecho? A nivel personal, no hablan bien de él sus calificaciones universitarias ni su pobre preparación académica. Tampoco el odio que se tiene con sus hermanos. No habla inglés. No parece ser una persona culta que confíe en su inteligencia y su conocimiento (y pues si creemos que eso no es importante veamos a nuestro actual presidente).
  10. Al parecer, él tampoco quiere ser presidente. ¿Por qué digo esto? porque en el fondo creo que AMLO es de esos personajes que disfrutan ser el comentarista en el burladero. El que señala desde donde no puede ser cuestionado. Y muy en el fondo,  le rehuye a la idea de tomar responsabilidad como gobernante. Esto me quedó muy claro en las elecciones de 2012. Cuando empezó a acercarse a Peña en las encuestas (más por méritos de Peña que por él mismo), cualquier jugador en su posición hubiera moderado el discurso, hablarle al elector indeciso que estaba dispuesto a olvidar sus rabietas de 6 años atrás con tal de no ver a Peña de presidente. ¿Qué hizo AMLO? se radicalizó. Despotricó contra todos y contra todo. Anticipó un fraude sin evidencias, repitió su desgastadísimo discurso del complot y repitió y repitió que él tenía sus propias cifras. Lo que logró fue ayuntar al elector moderado, alejar el voto útil contra el PRI y perder las elecciones cuando tenía una enorme oportunidad de ganarlas. En mi opinión, muy en el fondo, a AMLO le aterra llegar.

En fin, ahí está. Que se abra la discusión y que se abstengan los zombies.

 

El 2 de Octubre Imaginario

Esta fecha es y será siempre un referente en la historia de nuestro país. Aspectos positivos y negativos se desprenden y se seguirán desprendiendo de esa tarde en la plaza de las 3 culturas. Mitos y leyendas, versiones más o menos aproximativas a lo que sucedió. Justificaciones oficialistas, un enorme botín político para algunos opositores, un parteaguas en la conciencia de la realidad política del momento, y un punto de quiebre, muy inicial, de lo que sería la nueva forma de relacionarnos con nuestra democracia, con los derechos humanos, con el monopolio del estado para ejercer el uso de la fuerza pública.

Las imprecisiones sobre lo que sucedió ese día se derivan de una falta de información documental y concluyente (¡imaginemos el 2 de octubre en la era de los smartphones!). La escasa capacidad de documentación y los pocos videos y fotografías que existen siguen manteniendo los hechos del 2 de octubre en un imaginario colectivo que le ha permitido representar la verdad más conveniente a los ojos del interlocutor.

Yo pertenezco, como la mayoría de los que hoy vivimos en este país y en esta ciudad, a una generación que no vivía en esa época pero que hoy comprendemos la importancia del hecho. Hemos crecido con la idea de que el 2 de octubre representa el primer paso en un largo y tortuoso camino hacia la democracia y contra el autoritarismo, aunque este haya perdurado en nuestro país por por lo menos treinta años más, y que para algunos aun se perpetúa. La matanza de Tlatelolco es a la democracia del México moderno, lo que en la conciencia histórica del país, el grito de Hidalgo es a la Independencia. Aun si la Independencia se materializó once años después y por actores y razones muy ajenas. Aun si la alternancia democrática tuvo que esperar más de un cuarto de siglo y, nuevamente, un contexto muy alejando al de 1968 para lograr lo suyo.

Es indiscutible la falta de certezas con relación a la tarde del 68. El dato más objetivo que podríamos tener para establecer su “magnitud”, que es la cifra de muertos, oscila entre los 20 (versión oficialista) y asciende a más de mil. Es decir, dependiendo quien describe estos hechos, tenemos un rango de “apreciación” de lo que sucedió aquel día de 20 a 1,500. Incluso las versiones más serias reducen este rango de los 4o a los 350 muertos. Sigue siendo enorme.

Observar los hechos desde esta perspectiva no tiene como intención minimizar o cuestionar la atrocidad. Suficientes errores se cometen en la interpretación de la historia con criterios del presente. Al contrario. Para mi lo que de aquí se desprende es la posibilidad interpretativa y la profundidad que estos episodios han impactado en nuestras vidas.

El caso que me llama hoy la atención tiene que ver con una de las víctimas oficialmente reconocidas, un libro, un autor, y otra vertiente del mito: Regina.

En 1989 Antonio Velasco Piña publicó “Regina, dos de octubre no se olvida”. Este libro describe a una de las víctimas del 68, Regina Teucher Perez. El libro de Velasco Piña relata la vida de Regina, como una gran mística, educada en el Tíbet y China. Una iluminada que regresó a México para despertar la conciencia sobre nuestras raíces y nuestra Mexicanidad perdida. Velasco Piña ha mencionado que él conoció personalmente a Regina, esa Regina que se ofreció en sacrificio para completar el número de caídos que el ritual requería.

Hay otra Regina (¿La misma?) que sí figura entre las víctimas oficiales de la masacre. Ana María Regina Teuscher Krüger. Joven de 19 años, de padres germano-mexicanos. Estudiante del Colegio Alemán, y de la carrera de medicina de la UNAM. Una víctima inocente de aquella tarde que nadie esperaba.

La familia de Regina ha mostrado su aberración a lo que Velasco Piña y el grupo de seguidores de su historia han querido construir sobre la muerte de su hija-hermana. Incluso Elena Poniatowska deslinda a la joven de las “fantasías” de Velasco Piña en este articulo. Las coincidencias son demasiado grandes si se habla de la identidad de la persona. Las historias son absolutamente contrarias. En una existen hechos, testigos y datos concretos. En la otra la capacidad descriptiva de un autor. Incluso en la presentación de uno de los libros, la hermana de Regina recriminó en persona a Velasco Piña el lucro obtenido con la identidad “robada” de su hermana. Él sólo respondió: “Existen varias Reginas”.

Así es, y existen varios 68. Aunque haya sido sólo una tarde, en el mismo lugar y con las mismas personas.

La respuesta de Velasco Piña me intriga. Pues no dice “hay otras Reginas” o “No hablo de ESA Regina”. Su respuesta es “Existen varias Reginas”. Como si pudiera esta frase argumentar “Existen varios Velasco Piñas, o existen varias Elenitas Poniatowskas, o existen varias realidades, las factuales, las múltiples históricas, las espirituales, las paralelas, las que se pueden acceder con la imaginación”.

Al final creo que el lucro de la masacre no es exclusiva del escritor. Basta con revisar algunos de los “prominentes” próceres de la ideología de la izquierda mexicana. Lo relevante es la capacidad de traducir un hecho en función de la intención individual, y el mensaje que puede recibir la colectividad.

Lo que me parece importante de esta historia no es concluir sobre una verdad concreta. Ya lo mencioné al inicio, esa tarea es imposible. No sólo en lo que sucedió el 2 de octubre, si no en casi cualquier episodio relevante de la historia, de la política e incluso de la vida de todos los días. Lo que me parece interesante es poder comprender qué es lo que sucedió más allá de los hechos lineales. La postura fácil y racional es desacreditar a Velasco Piña y simpatizar con la familia de la víctima. En mi perspectiva, lo que Velasco Piña ofrece es una ventana diferente para comprender con una mayor profundidad el origen y el impacto de los hechos.

Para poder acceder a esa otra forma de leer una verdad, es necesario comprender, o al menos hacer un intento, que la realidad que podemos observar siempre estará limitada a nuestra posición como observadores. Que la verdadera verdad (sí, la verdadera verdad) va mucho más allá de la construcción lógica de hechos, testimonios y pruebas que dejen satisfecho a nuestra razón. Que la linea entre la realidad y la imaginación, que hemos sido instruidos en delimitar con una gran muralla, es mucho menos rígida y que basta con recordar episodios de nuestro propio pasado individual para llegar a varios puntos donde nos es difícil discernir entre lo que realmente sucedió, lo que nos han dicho que sucedió, y lo que nos imaginamos que sucedió. No nos damos cuenta que, tanto en lo individual como en lo colectivo, muchas veces caemos en la trampa de pensar que nuestra realidad está construida únicamente con hechos fehacientes, y que poco tenemos que ver con nuestros propios procesos imaginativos.

El mejor ejemplo que puedo pensar en este sentido es la versión de Saramago sobre la vida de Jesús en su “Evangelio según Jesucristo”. Sin tener necesariamente el “valor” de un documento “histórico”, el controvertido libro del Portugués explora, desde el conducto incuestionable de su imaginación, una (una de varias) realidad del personaje que cambió al mundo.

Al final, creo que la mejor manera de honrar mi postura sobre el 2 de octubre es leer a Velasco Piña, conocer a esa existencia de Regina que él ha decidido relatar y encontrar en su verdad una postura que me ayude a construir(me) una mejor verdad.