Inteligencia, Discernimiento, Escucha y Seguridad: El Arte de Tomar Decisiones en Política

Los hechos recientes en la política de nuestro país nos hacen pensar en una enorme paradoja: ¿Por qué una persona con la supuesta inteligencia para llegar a la presidencia (no importa los medios y los planes de quienes lo impulsaron) puede en la práctica tomar decisiones a la vista tan equivocadas? o cómo diríamos en la calle, ¿Cómo es posible que un pendejo de ese tamaño sea nuestro presidente?

Mi primer pensamiento es lo complejo de determinar la inteligencia humana. Todos sabemos que el desempeño académico no la determina, como tampoco lo hace un bagaje cultural o una experiencia de vida de tales o cuales características. Hablar de La Inteligencia es meternos en miles de interpretaciones, perspectivas, y formas de medición que resulta imposible establecer un consenso de lo que se tiene que tener para ser o no inteligente, o al menos más inteligente que otros o que el promedio.

Como egresado del ITAM me enseñaron que la inteligencia estaba directamente relacionada a la comprensión y capacidad de abstracción de conceptos económicos y matemáticos, pero era poco o nada premiada la habilidad demostrada de las personas de poder contrastar dichos conceptos en la realidad y contexto de nuestro país o comunidad. La inteligencia emocional era otro aspecto no sólo descuidado sino ignorado en la visión formativa de mi alma mater. Todo lo contrario. El objetivo formativo muchas veces parecía fortalecer una inseguridad interna que motivaba a ser “overachievers”como forma de sobresalir.

Hoy creo que la inteligencia se sustenta en nuestra capacidad de discernir. De tomar las mejores decisiones,  considerando el impacto inmediato, no tan inmediato, que pueden tener en el entorno, en las personas que te rodean y la comunidad a la que perteneces. El discernimiento es esa pausa interna, en el que sopesamos impulsos con reflexiones, información con intuición, costos contra beneficios, consecuencias y alteraciones. El discernimiento no nos exime de equivocarnos, pero si nos regala la oportunidad de tomar decisiones con consciencia.

¿Qué elementos determinan un correcto discernimiento, y para ser más precisos, en decisiones relevantes de una alta esfera de impacto político? En mi perspectiva son sólo dos. La capacidad de escucha y la confianza individual.

La capacidad de escucha, en un entorno político de alto rango, está asociado a la calidad, diversidad y rol que juegan las personas cercanas al tomador de decisiones. Así como el respeto, humildad y profundidad con la que el líder recibe los diferentes puntos de vista.

Revisando la historia reciente de los presidentes de México, considero que tuvieron buena capacidad de escucha Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Enrique Peña. De estos, muchos establecieron “jerarquías” y fueron seducidos de manera excesiva por un interlocutor, lo que los llevo a discernir con un sesgo peligroso: Carlos Salinas, Vicente Fox, y Enrique Peña; cada uno con su “preferido” que muchas veces respondió a sus propios intereses o ambición: Cordoba Montoya, Martha Saghún y Luis Videgaray. Felipe Calderón, padeció su incapacidad para establecer una posición más humilde y más abierta a la hora de dejarse asesorar. Su inteligencia rápida y sagaz, sumada a la testarudez y falta de confianza en los demás, lo llevó a tomar decisiones sin considerar todos los escenarios y todas las consecuencias.

El segundo elemento de un correcto discernimiento es la confianza en la decisión que se está tomando. La confianza que tiene la persona en su habilidad de identificar riesgos y beneficios, de extraer en cada comentario lo más valioso y lo que no es importante. Y moverse en la dirección de su decisión con absoluta responsabilidad, que implica, de antemano, pagar los costos que cualquier decisión conlleva. Incluso, la confianza se demuestra en la capacidad de recapacitar, echar marcha atrás, y corregir el rumbo, con las disculpas honestas correspondientes. La confianza se puede ver en la forma en el que una persona puede responder a una pregunta no planeada, a la capacidad de improvisar, a la velocidad de mente, tono, y forma en la que afronta situaciones no planeadas. A la seguridad que transmite hacia sus interlocutores, y la firmeza con la que se expresa cuando no está de acuerdo con algo.

¿Quienes han sido tomadores de decisiones “seguros” de si mismos? vámonos ahora sí por orden cronológico: Miguel de la Madrid, definitivamente no lo fue. Carlos Salinas actuó durante casi todo su sexenio con una implacable seguridad, que se desmoronó en su ultimo año de gobierno. De manera inversa, la seguridad en la toma de decisiones de Zedillo fue en crecendo durante su sexenio. Vicente Fox parecía muy seguro durante su campaña, pero en el poder fue perdiendo seguridad al aferrarse a consensos generales que nunca lograría (buscaba decisiones que no tuvieran costo, y al final salían mucho más costosas), y sus últimos años fue delegando ese poder a su esposa. Calderón es quizás el presidente más “seguro” en su toma de decisiones, y muchas de las más controversiales las mantuvo a pesar de volverse francamente impopulares, como la guerra contra el narco. Enrique Peña parecía determinado durante sus primeros dos años de gobierno, con el Elbazo y las Reformas, pero a partir de los escándalos de corrupción, Enrique no ha salido de un loop donde cada decisión que toma le sale de mal en peor.

En resumen, tuvimos a un presidente humilde pero indeciso en De la Madrid, lo que le costó al país 6 años de estancamiento. Un presidente que escuchaba pero que pronto se dejó influenciar por una sola persona, lo que a pesar de una enorme seguridad, le hizo caer en desastroso final de sexenio, la historia de Carlos Salinas y Cordoba Montoya. Ernesto Zedillo pagó las consecuencias de llegar a la silla como bateador emergente y con ajustes demasiado tempranos en su mandato, lo que provocó que la crisis económica derivada de la devaluación del 94 fuera mucho más profunda de lo que pudo haber sido. Sin embargo, su confianza y su capacidad de asesorarse fue creciendo y selló su sexenio con la medalla de la alternancia y con importantes cambios tanto económicos como democráticos. Vicente Fox hizo un esfuerzo forzado por rodearse de los mejores (hasta head hunters contrató) pero a la hora de las decisiones importantes buscó de manera ingenua las decisiones conciliadoras, cometiendo errores importantes por esa ingenuidad. Esto lo llevó poco a poco al desencanto por el poder y delegar lo que no se puede. Calderón se rodeó de un equipo de jóvenes que lo veían como su mentor, más que de un grupo de expertos que lo pudieran confrontar o retar en decisiones e inteligencia. Optó por ser el capitán que quiere jugar todas las posiciones, y que no pasa el balón. Si bien considero que fue congruente en las decisiones que tomó, su intención y su fundamento, su ejecución pudo ser mucho más efectiva si hubiera tenido un equipo de mejor nivel. Finalmente llegamos a Peña. Es probable que los dos primeros años ya estuvieran de alguna manera “planchados” y que las primeras grandes decisiones estuvieran marcadas por la experiencia directa de sus mentores (el famoso “Quinazo” y los cambios estrucutrales), el problema fue cuando el script se movió y tuvo que entrar su verdadera inteligencia y juicio. Peña ha resultado ser el mismo que vimos en la feria del libro. El soldado impecable en la ejecución de lo que ya tenía un plan, pero el perrito en el periférico cuando se encuentra en la soledad del discernimiento. Hoy tenemos a un presidente atropellado. Cometió el mismo error que Carlos Salinas al reducir su grupo de escucha a una persona. Pero con una mucho menor seguridad para tomar decisiones.

El futuro de Mexico requiere en sus esferas de poder personas con capacidad de discernir. Esto implica un bagaje de conocimiento y experiencia importante combinado con la humildad de saberse rodeado de los mejores, y la congruencia de afrontar las equivocaciones.

Hagamos nuestros respectivos juicios. En mi sentir pocos en la primera linea cumplen con esta dualidad. José Antonio Meade, quizás en menor medida Ricardo Anaya. Y otros que claramente pueden retomar lo peor de los anteriores. Andrés Manuel ha dejado muy claro que él es el mandamás de sus campañas, partido, y estructura. Por eso desconcierta verlo rodeado de personas como Elenita pero presume poco la confianza que tienen en él personas con el peso de un Juan Ramón. En ese sentido Lopez es más parecido a su némesis Calderón, de lo que él mismo puede observar. Pero a la hora de la confianza, Lopez Obrador ha resultados ser bastante menos congruente que el propio Calderón. Su postura hacia premisas liberales como el matrimonio igualitario, el aborto o la reciente oferta de “amnistía a los corruptos” han sido tan tibias como muchas de las decisiones que tomó su otro Némesis, Vicente Fox. Entonces, ¿estamos ante un candidato con un discurso atractivo, pero que en los hechos es un tomador de decisiones inseguro de su discernimiento y con nula capacidad de escucha? Tengamos cuidado, porque sí, sí podemos estar peor de lo que estamos.

El no circula que no resuelve.

Es el tema de moda. Para ser honesto cuando llevas 6 años sin coche este tipo de noticias te pueden valer un poco, excepto por el pequeño detalle de que la calidad del aire afecta a todos. Los de a carrazo y los de a pie.

Este es el meollo del asunto. Lo público vs lo privado y cuando las decisiones de unos afectan a todos. Como resolver temas del medio ambiente y movilidad no  deberían de distar mucho, en esta lógica, las políticas que controlan o regulan el consumo de ciertas substancias como el tabaco, el alcohol, o alimentos altamente calóricos, y donde el bien común  se sobrepone a la libertad individual del consumidor. Como ejemplo, hoy son casi incontestables políticas de consumo de tabaco en espacios públicos cerrados, a pesar de que se pueda argumentar que esto atenta a la libertad de la persona, y la razón es sencilla: Los terceros afectados.

El otro camino para mitigar este tipo de afectaciones son los impuestos,  que tienen como segunda finalidad (después de su objetivo recaudatorio) la de compensar las externalidades negativas que el consumo o la actividad de agentes privados puedan generar a la población en general. Los impuestos al cigarro, a las bebidas alcohólicas o a los refrescos con azúcar, tienen como fundamento que el gobierno compense a través de este ingreso los costos a nivel público y social que su consumo genera, por ejemplo, en gastos de salud. Bajo esta línea de pensamiento, un impuesto a los refrescos cuando vivimos una crisis de salud derivado de su consumo, no sólo resulta lógico y sensato, sino también justo.

¿Entonces por qué no afrontar el tema de movilidad con el mismo fundamento? Cada vez que una persona utiliza su coche genera externalidades que implican un costo a la sociedad: el tráfico que se genera, impacta negativamente en tiempos de traslado y por lo tanto en la productividad de la ciudad; la contaminación afecta la salud de todos; la utilización de la infraestructura de calles y avenidas le genera un costo de mantenimiento al gobierno que al final se paga con nuestros impuestos. Usuarios y no usuarios. ¿No resulta, entonces, una política que incentiva  el uso del coche profundamente injusta? ¿Al hacer pagar a justos por pecadores, nuestras políticas de movilidad no son fuentes apuntaladoras de una desigualdad social? Por supuesto que sí. De ahí que resulte absolutamente contradictorio que nuestros gobiernos de izquierda hayan sido tan proclives a incentivar el uso del coche de manera desmedida. Y hoy estamos padeciendo las consecuencias de fondo.

Resulta fundamental hoy entender cómo el gobierno de Lopez Obrador incursionó en opacas y mesiánicas obras de infraestructura automovilista como los segundos pisos. Obras torpes y toscas que no solo no resolvieron los problemas de movilidad sino que también alteraron el espacio visual y vital de la ciudad transgrediéndola, dejándola estéril para la vida pública en esos ejes. También fomentó medias como la licencia de manejo indefinida. Claramente para Andrés Manuel fue más importante dejar “obras que se vieran” que pensar en las consecuencias de mediano plazo: Más coches, más gente manejando. Hay que anotárselo en su CV de supuesto estadista.

Después llegó Marcelo, que perfeccionó el modelo de crecimiento de infraestructura automovilística con construcciones más eficientes pero no por eso mejores para resolver el problema. La moda fueron las súper vías de cobro que hoy han resultado en evidentes modelos de complicidad corrupta. Si bien Marcelo comenzó con una política más agresiva hacia el uso de transporte público alternativo (ecobicis, metrobus) los esfuerzos relativos de estos vs las inversiones en infraestructura cochista son incomparables. Eso sin mencionar lo que ya se sabe de su magno proyecto de transporte público: la Línea 12.

Con Mancera se consolidaron los incentivos al automóvil con la abolición de la tenencia y la reciente eliminación de las restricciones de la calcomanía 0 y 00 a autos viejos. Nuevamente las políticas de movilidad parecieran seguir una lógica contraria a cualquier política pública que busca reducir las externalidades y costos sociales, al fomentarlos. Es como si el gobierno, por popularidad, hubiera permitido nuevamente que la gente fumara en espacios cerrados, o subsidiara a las refresqueras para ofrecer cocacolas más baratas. No se resolverían los problemas de salud, sino todo lo contrario. Pues así está nuestra ciudad.

De ahí que el “castigo” reactivo y mediático (¿quien asesora a estos gueyes?) del Hoy No Circula, que intenta mandar una señal de responsabilidad y de “tomar cartas” en el asunto no es otra cosa que exactamente lo contrario, pues no pone en tela de juicio el fondo equivocado de la política urbana y de movilidad que nos tiene, como ciudad y como personas, enfermos. Y la falta de efectividad de la medida provoca un doble problema, pues no soluciona y posterga la solución de fondo. A esa altura está nuestra clase política.

En mi opinión la oportunidad de esta crisis es la transformación de políticas públicas y visión de ciudad de fondo, y en todo los ámbitos. Con un principio fundamental: los coches generan externalidades negativas, por lo tanto hay que hacer que las paguen. Elevar el costo de transportarse en coche genera muchos beneficios de inmediatos: Desincentiva su uso, y le provee al estado recursos para invertir. El caso más evidente (sin estar a favor de ese modelo) son las vías urbanas de pago. Ahí, el tráfico es sustancialmente menor, así como los tiempos de traslado y la contaminación que se genera. Entonces ¿Por qué no nos convertimos en una ciudad-vía-de-pago? y con esto no me refiero a seguir invirtiendo en este tipo de infraestrucutra, sino en encarecer el uso del transporte privado no compartido.

Hay muchos caminos para hacerlo. De entrada, algo sencillo sería regresar a los impuestos por tenencia y por uso (gasolinas por ejemplo) de los coches. Eliminar leyes que obligan a establecimientos o a nuevas construcciones a tener estacionamientos (incluso, porque no, prohibirlos).  y crear avenidas o zonas donde el acceso sea restringido o con costo. Incentivar espacios peatonales y aumentar la infraestrucutra de bicicletas nunca deben restarle espacios al coche. Eliminar la gratitud de estacionamientos o incluso generar nuevos impuestos a estos espacios como, por ejemplo, el de ocupación hotelera. Esto elevaría el costo monetario, en tiempo y practicidad de tener auto, y con la expectativa de cambiar poco a poco nuestro apego cultural (y de status) de tener coche. Imaginen que las políticas de desarrollo urbano estuvieran alineadas en este sentido, que se le permitiera a desarrolladores construir más pisos o con mayor densidad si se omiten lugares de estacionamiento, ¡Desde ahí la gente empezaría a cambiar sus conductas!

Finalmente se debería llevar a cabo un ejercicio presupuestal donde la asignación de recursos fortalezca las condiciones de transporte compartido. Hoy hay muchas alternativas para no tener coche. Servicios de Car Sharing como Carrot, de scooters como Econduce, el propio Uber, o Ecobici (que han superado por mucho sus propias expectativas de adopción y crecimiento), son alternativas que si tuvieran más apoyo gubernamental podrían expandirse a las zonas que más movilidad requieren a precios accesibles. Incrementar la infraestructura de metrobuses, trenes ligeros,  no sólo en tamaño sino en calidad y número de unidades, y de otras alternativas de transporte público que no requiera inversiones millonarias, puede balancear la disyuntiva del ciudadano de a pie de cómo moverse.

La mala noticia es que estas medidas en el corto plazo resultarían muy impopulares aunque a la larga nos darían un gran resultado de ciudad y una mejora considerable en la calidad de vida de quienes vivimos.

Así que enojémonos por esta medida parcial y superficial (como ha resultado todo el personaje de Mancera) pero por las razones correctas. No sólo por la implicación cotidiana de tener que resolver nuestra movilidad de otra manera 1 vez a la semana, sino porque esta medida no  contribuye a una solución de fondo. Enojémonos con quienes nos vendieron espejitos con políticas de movilidad suicidas, sin prever el enorme daño que nos ocasionaría. Pero sobretodo enojémonos con nosotros mismos de no apoyar o criticar estas medidas cuando se dieron, por parecer benéficas en el corto plazo. Entonces así, el enojo valdrá para algo.

 

Margarita y los Partidos Partidos

Ayer leí un artículo de Jesus Silva Herzog donde se desgarraba un poco las vestiduras por el anuncio de Margarita Zavala de aspirar a la presidencia aun sin en apoyo del PAN.

Después de acabársela con argumentos bastante contundentes, sobre la falta de experiencia y capacidad de la potencial candidata, Silva Herzog se mostró sumamente molesto por la actitud desafiante de Margarita al PAN, como si fuera hoy impensable que un político pudiera “desalinearse” de la institución partidista, como si fuera un hecho sin antecedentes que pudiera afectar de alguna manera el circulo perverso de la democracia mexicana.

¿En verdad es una amenaza que un candidato anuncie que aspira con o sin partido a un puesto? ¿Amenaza de quién hacia quién y para quien?

El país ha dado un avance impensable en términos de las candidaturas independientes y lo que se logró en las elecciones pasadas habla de un potencial que no se queda a nivel de una oposición a modo y limitada por el propio sistema.

Es más, lo que antes hubiera sido el saltadero de un partido a otro de quienes consideran merecer tal o cual candidatura, parecen hoy tener una vía mucho más libre y posible que el saltar a otro partido, pactar y “negociar” con su nuevo “representador”.

A mi me parece que el hecho de que un candidato decida participar fuera del contexto de un partido político, desafiando o no a este, es un ejercicio que acerca el proceso democrático a la gente y lo aleja de las cúpulas. Al final, la posibilidad real de una desbancada de candidatos de un partido político hacia candidaturas independientes implicaría una división en su intención de voto, y por ende, reconsiderar el poder de peso que tal o cual candidato pueda tener. Y eso, sí, debilita a los partidos, sí. Buena falta les hace.

Al final el PAN está poniendo sobre la mesa el balance que podría “equilibrar” la intención democrática de candidatos independientes con la via institucional y de gobrenabilidad que los partidos le dan al sistema. Este vehículo es la segunda vuelta en la elección presidencial. Un esquema que permite a los ciudadanos emitir su voto de manera libre en una primera ronda, y de manera útil en la segunda.

Como ciudadano me encantaría ver dos boletas en 2018. Una donde personajes que no cuenten con el respaldo “sistemático” hagan valer su fuerza propia. Y una segunda que me permita elegir, o en su defecto, descartar a quien no quiero que llegue al poder.

 

Mi postura sobre el Corredor Chapultepec

En una semana se viene la consulta sobre el ya multinombrado CCChapultec y donde, nuevamente, a falta de argumentos o de querer “evadir” responsabilidades políticas, el gobierno recurre a un ejercicio “democrático” en donde quien sabe cuantos, con quien sabe que intereses van a decidir por una ciudad.

Como yo no soy experto ni en movilidad, ni el desarrollo urbano, ni conozco el proyecto a detalle, ni conozco la regulación específica, ni formo parte del proyecto o de algún grupo opositor a este, entiéndase mi opinión como el de un tipo a pie. Que lleva 8 años viviendo en la zona, y que ha estado, más o menos, enterado del proyecto. También, para complementar mi CV, soy comerciante en la zona (tengo un restaurante en la Zona Rosa), y llevo 6 años sin coche, lo que me ha permitido vivir la ciudad desde la perspectiva que sólo un peatón de a diario puede entender.

Antecedentes:

Escuché por primera vez la idea en una reunión con autoridades del GDF hace aproximadamente 3 años. Se escuchaba ya la idea (urgente) de revitalizar Av. Chapultepec y el parador de camiones y la salida del metro que se encuentra atrás de la Secretaría de Salud. Ya era desde entonces y muchos años antes, evidente la urgencia de revitalizar la gran avenida que hoy divide La Roma de La Juarez. Pero de pronto escuché que la intención no era continuar con los túneles para los autos y buscar un parque lineal/ expansión del espacio público sobre la avenida. “La idea viene todavía mejor, se pretende crear una estructura y sobre esta hacer un parque lineal, tipo el high line”. Al escucharlo sentí varias cosas. Primero la idea no me resonó nada. Yo vivía en Altavista (San Angel) cuando AMLO decidió hacer los 2dos puentes del periférico, (también con su consulta a la que yo en lo individual voté en contra), y me tocó padecer no sólo los 3 años de pésimas obras, sino ver como la fractura que ya generaba el periférico entre las colonias aledañas se hizo mucho mayor con los segundos pisos, eso sin hablar en lo MUCHO más fea que se ha convertido nuestra ciudad desde el surgimiento de esas estructuras… Y para NO haber reducido en lo absoluto los tiempos de traslado. Al contrario.

La idea tampoco me resonaba como una buena opción para unir dos colonias. Dificil imaginarme un parque vivo y activo encima de una de las avenidas más transitadas de la ciudad. ¿Para qué elevarlo? No hacía sentido y pensé que era una ocurrencia más que algunos funcionarios osan externar para hacer su “función” más interesante.

Y pues los antecedentes están ahí. El segundo piso del periférico no sólo dividió de manera definitiva las colonias entre un lado y otro. En una medida muy marginal ayudó a temas de movilidad, pero sólo para un sector beneficiado de autos (privado) y durante un tiempo limitado; su ejecución presupuestal sigue en las tinieblas, sin embargo es sabido que atrás hubieron personajes como Carlos Ahumada y René Bejarano y otros próceres de la hipocresía y doble moral del ex perredismo.

Posteriormente se construyeron las ampliaciones a estos segundos pisos, bajo esquemas de participación público-privada. Donde el modelito parece ser ya evidente para todos (los que han escuchado las llamadas entre funcionarios de OHL, por ejemplo). Se “inventa” una necesidad. El privado invierte a cambio de una concesión, con números mega inflados y los funcionarios se cuelgan medallas felices de ver obra realizada sin necesidad de ejercer su presupuesto, y sus presupuestos personales jugosamente engordados gracias a su benevolencia, cláusulas donde el concesionario protege sus ingresos, y omisiones para asegurar que la concesión genere un beneficio público mayor.

Si seguimos hablando de obra pública bajo el esquema “publico-privado” no podemos omitir Masaryk, que se planeó, financió, y ejecutó en poco menos de 2 años y medio. En ese tiempo un arquitecto de mediana calidad no termina un edificio de 10 pisos. creo.

Yo estuve un evento que con bombo y platillo, en el Club de Industriales, Victor Romo, el gran artífice y responsable del proyecto (y que hábilmente se lavó las manos cuando este se salió de control, para convertirse en diputado local) hablaba de como Masaryk se convertiría en la 5ta Av. de México o el Champs Elysées. Se presentó un super video como esos que hacen las startups serias para promover sus productos, donde además quedaba en evidencia el apoyo que se tenía de “expertos”, autoridades, Comités Vecinales y empresarios de la zona. Es increíble que 3 años después los participantes de este video, en el mejor de los casos se han mantenido en silencio, y muchos son ahora férreos críticos al proyecto.

Aquí les dejo el video para que todos nos acordemos de quienes estaban a favor del proyecto.

Formas aparte, el problema de Masaryk fue de fondo. Fue de NO entender porqué Masaryk nunca podría ser esa “Gran vía cosmopolita de Mexico” el texto más interesante y completo al respecto es ESTE de Francisco Reynoso, sobre el que me gustaría sumar algunas cosas:

Al NO ser un Corredor, es decir, al no haber una razón por la cual personas tengan un interés especifico por transitar Masaryk (O si alguien sabe de alguien que tenga un particular interés de caminar del bajopuente de Palmas a Mariano Escobedo, me gustaría entender sus razones) el proyecto fue concebido de manera parcial y errónea. Si se buscaba elevar el valor comercial de su franja de comercios high end, el proyecto carece de una funcionalidad para atender a los visitantes que, en este caso, llegan mayoritariamente en coche. El proyecto sufrió modificaciones en el camino, para agregar bahías de valet parking que, quizás desde un inicio, hubieran sido consideradas, o espacios donde la gente se pudiera estacionar sobre la avenida, entediéndola más como un gran Rodeo Drive, más que un Corredor Peatonal.

Pero no, parecía que el objetivo era siempre el peatón, generar una plusvalía a través de una mayor afluencia y calidad del espacio público para los peatones. Sin embargo, y Reynoso lo dice muy bien, el peatón no es un coche, no tiene las limitantes de espacio y movilidad de un coche y en sus traslados y estancias, no busca lo mismo que un coche. A la mitad de las obras de Masaryk, el propio gobierno de Romo de la mano de comités vecinales, aprobaron el cambio al plan parcial de desarrollo de Polanco, en donde, entre otras cosas, se prohiben nuevos restaurantes en la zona, exceptuando centros comerciales (no le iban a quitar ese bombón al Palacio de Palacios). Esto, automáticamente privó a Masaryk de convertirse en un gran corredor de interés peatonal. El peatón valora mucho las banquetas amplias, pero valora aun más el interés del recorrido, poder caminar bajo sombras, poder sentarse en mobiliario urbano cómodo. Tener basureros. Tener cruces seguros. Pero también tener motivos para estar ahí. Museos, restaurantes, plazas públicas donde se mezclen vendedores ambulantes (no se lea fritangas, pensemos en kioskos, artistas, etc…) con expresiones espontáneas o planeadas de música, arte, danza, etc. Donde la gente se pueda sentar en terrazas a ver pasar gente. Masaryk, que NO tenía los ACTIVOS de un corredor, mató esa posibilidad, no sólo con el mencionado cambio al uso de suelo, sino prohibiendo o limitando terrazas a restaurantes o cafeterías, no considerando espacios para ciclovías ni mejorando el transporte público del corredor o hacia el corredor. Hoy las consecuencias son evidentes. Muchísimos locales vacíos. Restaurantes a medio llenar, un afluencia muy por debajo de lo esperado, y un calor de los mil demonios si decides darte un paseito en la gran vía cosmopolita antes de las 5 de la tarde.

Habrá quien argumente que Masaryk está mejor que antes. Puede ser en muchos aspectos. Pero ese no es el punto. El punto es a qué costo, y sobretodo, a qué costo de oportunidad. Si en Masaryk se hubiera invertido una décima parte de lo que se invirtió, con la intención de generar corredores transversales, que comunicaran Masaryk con el Parque Lincoln, la Zona Hotelera, el parque “el Mexicanito” y el Auditorio Nacional, fomentando áreas peatonales (parte de polanquito, por ejemplo), el resultado sería 100 veces mejor. Así que dejemos de utilizar el argumento mediocre de que “quedó mejor” para justificar lo que se hizo, en vez del potencial que se perdió.

El Proyecto Chapultepec.

Para hablar de este proyecto, me iré directamente sobre los puntos que vienen a favor y en contra en el panfleto repartido por el IEDF, para emitir mi opinión personal.

Por el SÍ:

  • El proyecto menciona “..ofrecerá a residentes y visitantes espacios para la recreación, la convivencia y el aprendizaje”. Si alguien es capaz de convencerse que un bajo puente kilométrico, un centro comercial lineal o un parque en un tercer piso sobre una avenida desastrosa cumplen con las condiciones para ser un espacio atractivos para recrear, convivir y aprender con su familia, entonces necesito un tutorial.
  • “Traerá la modernidad, la cultura, la ecología (Sic), el deporte y la convivencia (again)…”  Y porqué no empezamos con la glorieta de insurgentes?
  • “Sin impuestos ni deuda del gobierno” regresamos a los ejemplos de OHL y otras empresas que han abusado de las concesiones Público Privadas.
  • “Más arboles, más áreas verdes” ¿Te cae que justificas un mazacote de concreto diciendo “más arboles” arboles como los perros de azotea, en el 3er piso?
  • “Teatros, Actividades Culturales, espacios recreativos etc…” Claramente Fernando Romero tiene ya una basta experiencia en potenciar la cultura con el Rin Sumaya y ciudad Slim. ¿Por qué somos tan ingenuos?
  • “Banquetas Anchas, con ciclovías seguras que integran dos colonias” Sí, excelente, pero no se necesita que todo esto quede en un bajo puente.
  • “habrá más empleo y oportunidades para todos”Sí, excelente, pero no se necesita que todo esto quede en un bajo puente.
  • “Más sitios de recreación (duro y dale, con su recreación…) amplios, seguros, gratuitos y difrutables” Sí, excelente, pero no se necesita que todo esto quede en un bajo puente. Y a 1 cuadra está Chapultepec “The Park”.
  • “Es el proyecto más transparente de la historia de la obra publica de Mexico” ¿¿¿¿ehhhhhh????? Y eso, ¿¿¿es bueno??? ¿Contra cual compiten? ¿La estela de Luz? ¿El mentado Masaryk? ¿La estatua del Camarón gigante de Tampico? Además es importante leer opiniones de quienes conformaban el Consejo Rector para el proyecto, como Alberto Ruy-Sanchez, quien, desde adentro, desenmascara esta afirmación. Aquí el texto.

Porqué NO (Y vale la pena criticar también las razones de la oposición):

  • “No beneficia a los vecinos, traerá la expulsión de los habitantes y la quiebra de comercios”. Aquí, mis queridos opositores caen en una contradicción flagrante. “Expulsar habitantes” o lo que generalmente se le conoce como “Gentrification” se deriva de la plusvalía que adquieren los inmuebles y las rentas de ciertas zonas, lo que provoca que suban las rentas y que los pobladores de estas ya no las puedan pagar. Casos muy sonados de este fenómeno son los que han sucedido en zonas de NY como Soho, Brooklyn y recientemente Harlem. Pero si esto es cierto, sería consecuencia de que la calidad de la zona se elevó, lo que atrajo a más gente a vivir a la zona y por ende un incremento en los costos por una mayor demanda. Al final es lo que esperaría cualquier vecino (propietario), una intervención que tenga como resultado un mejor desempeño de la zona, incluyendo los comercios locales. En este caso hablaríamos de un proyecto que generó valor (aunque haya personas que lo padezcan). Así que pensar que un proyecto va a expulsar habitantes y quebrar comercios, sería sólo en el supuesto en que los habitantes decidan autoexpulsarse por lo fea que quedó su colonia. Y ahí sí.
  • “No es una recuperación del espacio público, se trata de una concesión de 40 años” Cierto y cierto, aunque podrían ser las dos. No necesariamente son mutuamente excluyentes.
  • “No es un corredor cultural y no cuenta con el VOBO del INAH e INBA” puede ser. A todos nos suena a un ENORME eufemismo eso del “corredor cultural” pero, ¿necesita haber una autorización del INAH o INBA para poder hablar de cultura? no lo creo.
  • “No garantiza el abasto de agua” aquí si no entendí. O debería decir “Con el proyecto ya no se garantizará el abasto de agua en las colonias” lo cual puede o no ser cierto, pero yo que vivo en la colonia SI padecemos de escasez de vez en cuando; o “El proyecto no garantiza el abasto de agua” y ahí si me perdí, porque creo que no se trata tampoco de revivir el acueducto, ¿o sí? 😉
  • “No cuenta con proyecto ejecutivo, estudios de impacto ambiental, economico y social” por lo que menciona Ruy Sanchez en su articulo, creo que este punto es cierto. También me tocó escuchar de propia voz de uno de los responsables de la obra de Masaryk que “no se tenían ni planos de la avenida, ni había un proyecto ejecutivo” por lo que no me sorprendería que, más allá de planos y renders, no se tenga mucho más.
  • “No es transparente. Se ha ocultado información para favorecer inversionistas… ” nuevamente SÍ lo creo. Pero más allá de que si fue trasparente o no, ¿Cual es la alternativa? al llegar a un “plebicito sobre sí o sobre el NO, queda claro que el Gobierno no ha buscado gestar un proyecto abriendo alternativas, sino que busca imponer, de manera muy sospechosa, un proyecto altamente cuestionable y peligroso.
  • “No debe de construirse sobre Av. Chapultepec porque es zona sísimica…” no soy experto, pero en el corredor de Reforma se han construido bastantes edificios de gran altura… No lo se.
  • “No constituye un eje de conexión. Sería un muro entre la Roma y la Juarez” este es, quizás, el más sólido de los argumentos. Todas las imágenes del proyecto, de los renders, son vistas aéreas. Muy lejanas a la perspectiva del peatón. De quien busca cruzar todos los días de la Roma a la Juarez y viceversa. Es incuestionable que un bajo puente, por más “pimpeado” o “concesionado” que esté, no quita la oscuridad, sensación de inseguridad, y sobretodo fealdad de un bajo puente. Ahí están los casos de Juan Escutia o Palmas.
  • “No garantiza espacios seguros, propiciará inseguridad por la cantidad de bajo-puentes…” TOTALMENTE DE ACUERDO.
  • “No se consultó debidamente a los ciudadanos para ocultar la privatización del espacio público” Es una forma muy amarillista de decir que no se planteo como un proyecto abierto incluyente. Sino un sí o no a ESTA alternativa.
  • “No garantiza nuestros derechos humanos, lesiona nuestro derecho a un ambiente sano, nuestra seguridad y patrimonio” Ahí creo que los anti se les pasó la mano…

 

Mis conclusiones son:

  • El error más grande es priorizar el “cómo” sobre el “qué”, el medio sobre el fin. Si queremos conectar dos colonias y mejorar el espacio público, ese debe de ser el fin. Y sobre eso construir alternativas. No que por falta de recursos se tenga que justificar un mall, como medio para poder hacer algo por la zona.
  • “privatizar” es una palabra que se utiliza con un tono satanizador, y yo no creo que la opción de concesionar a cambio de recursos, y explotar parte del espacio publico en beneficio de la zona sea malo. el problema es el track-record que tenemos como ciudad y como país. Y la incapacidad del gobierno de poner en orden a los “concesionados” de todos los días, no en los grandes escándalos de corrupción en infraestructura, sino los pequeños “concesionarios” del espacio publico, o ambulantes, que deterioran y afectan el espacio publico, la limpieza y la seguridad de las colonias aledañas, bajo el manto complice y protector de la propia autoridad.
  • No he escuchado a un sólo arquitecto respetable estar a favor del proyecto. Y en la lista, claramente, no incluyo a Fernando Romero.
  • Avenida Chapultepec puede ser  (y aquí es importante entender el potencial del futuro y no caer nuevamente en “es mejor de lo que está”) en un eje que detone una vida más integrada, donde la gente pueda habitar, trabajar y esparcirse en un espacio de calidad, a pie, sin necesidad de tener coche. Chapultepec puede ser un apuntalador de un nuevo modelo de ciudad, una ciudad con una calidad de vida mucho mayor.
  • En este estudio (como en muchos otros) se explica la correlación directa entre tráfico y espacio transitable. No debe de sorprendernos que a pesar de inversiones absurdas en segundos pisos, super vias (algunas con menos tráfico por ser de costo), y demás inversiones en infraestructura, la Ciudad hoy sigue padeciendo un trafico colapsado e incremental. No debería ser descabellado empezar a atrevernos a revirar esta situación. Chapultepec puede ser un excelente ejercicio para reducir el tráfico inducido reduciendo de manera sustancial el área transitable, en favor de un espacio público de calidad.
  • Conceptualmente seguimos cometiendo los mismos errores. ¿Que valor tiene un mall en un segundo piso sobre una avenida? ¿Quien va a preferir ese espacio sobre otros espacios comerciales más agradables y accesibles? ¿Porqué seguimos pensando en un gran corredor que nos lleve de un nudo de transporte público (glorieta de insurgentes) a otro (parador del metro Chapultepec)? ¿Si la idea es mejorar estos espacios públicos con capital privado, porqué no empezar consecionando esos nudos y poner a prueba a los “operadores” privados?
  • Si el objetivo del CCChapultepec es unir dos colonias, ¿Por qué no pensar en pequeños corredores transversales que aseguren el flujo, comuniquen ambas colonias y mejoren la seguridad de quienes lo atraviesen?
  • Sin lugar a dudas, el fin, el modelo de ciudad, debe de considerar otros aspectos como la incorporación a este proyecto del comercio hoy existente en ambos lados de la avenida, asegurar con la revisión y modificación del actual plan parcial, que la zona recupere una vocación mixta, atractiva para habitantes y visitantes, donde el comercio en planta baja cuente con las condiciones para cuadyuvar a un mejor espacio público.

 

Dicho esto, estoy a favor de una transformación de la Avenida Chapultepec, pero en contra de un proyecto que puede costarle a la zona la oportunidad de convertirse en uno de los ejes más atractivos y vitales de la ciudad.

 

 

 

De Selecciones, Deselecciones y Elecciones: Un País de Cobardes.

Justino renuncia a solo 3 días de que destape el gran escándalo sabido por todos de la corrupción en la FIFA. Casi tan predecible como cualquier “escándalo” que se podría suscitar de casi cualquier miembro de nuestra clase política. o ¿A poco todavía hay quien piense que alguno de nuestros políticos de primera linea no tiene cola que le pisen?

Y mañana juega la selección. Y mañana hay elecciones. Y todo parece indicar lo peor.

¿Qué es lo peor?

Independientemente de los ganadores, los perdedores y los berrinches acostumbrados, lo que la elección de mañana me temo revelará es que seguimos a muchos años de distancia de una democracia representativa y empoderada.

Me temo resultados en contra de toda lógica democrática, donde el partido en el poder sea premiado de manera inexplicable. Donde las inconformidades se desborden en malas prácticas de unos y otros por avorazarse de la manera más gandalla los votos, con trampas, triquiñuelas, dinero y todo eso que los partidos llaman “operación” para resistirse a los cambios que ya nos queda muy poco tiempo para realizar.

Me temo que nuevamente el gran perdedor, además del país, sea ese arbitro que generaciones se tardaron en construir que es el IFE, hoy INE. Una institución que gracias a berrinches pasados, se ha convertido en un arbitro lleno de reglas por vigilar y muy pocos dientes. Si vemos en ese plano la actual crisis de la FIFA, el punto en el que más pueda afectar el desarrollo y crecimiento de este increíble deporte es en la falta de credibilidad de la autonomía de sus árbitros. Así el país. Así la democracia.

Y resulta terrible porque nos estamos volviendo una ciudadanía acostumbrada al chantaje. Al chantaje del operador que amenaza si no se consiguen los votos. Chantaje de los partidos políticos que rechazan y desprecian las reglas del juego. Chantaje al árbitro con amenazas implícitas y grabaciones ilegales. Chantaje de las organizaciones que sólo buscan revolver el río para postrarse ad infinitum en sus cotos de poder. El chantaje de los candidatos que nunca aceptan los resultados.

Pero si lo pensamos bien, el chantaje es primo hermano de la cobardía. Al final lo que el proceso parece establecer es que nos estamos convirtiendo en una sociedad de cobardes, que avalamos la cobardía justificando “la paz”. Postergar una batalla es condenarse a perderla. Y la primer batalla que tenemos que librar como ciudadanos es la batalla contra la cobardía. Contra el chantaje institucional. Y salir a votar con la convicción que sea, pero con convicción.

La segunda batalla es defender la voluntad del prójimo. Defender al árbitro por encima de hechos aislados orquestados por los que están desesperados por ganar. Lo peor que le podría pasar a un mundial, más allá de sedes exóticas y muy bien aceitadas, sería que todos los países partieran de la premisa que los árbitros están vendidos. Ahí se acaba la competencia y empiezan los pretextos. Las víctimas sin razón ni peso. A nadie le conviene tener un INE débil. Sólo a los que les interesa vivir sobre instituciones débiles.

Finalmente tener el coraje de dejar de ser una sociedad politizada en escandalitos de Facebook, y meternos de lleno a las acciones de los gobernantes. A juzgar de una mejor manera a los que están en ejercicio. Al proceso de formación de quienes nos deben de llevar al siguiente mundial. Apoyarles y exigirles no sólo en el cuarto partido. Sino durante los 4 años intermundialistas. A ejercer de cerca el contacto y la exigencia con los políticos locales y federales. No permitir que chantajeen ni sean chantajeados. No permitir actos de autoritarismo, pero menos aun cobardía ante los enormes retos y retadores que nos rodean.

El partido, los goles anulados o los votos de protesta, los ganadores o perdedores acaban siendo un tema secundario.

La desconfianza que genera desconfianza. ¿Dónde se rompe el círculo destructivo?

Ayer por la noche tuve la oportunidad de participar en una reunión de la revista Líderes Mexicanos. El encuentro fue con “Lideres del Futuro” de los cuales creo que yo ya candidateaba para ser de los “líderes potenciales” del pasado.

Fue muy interesante escuchar a un joven político de Texcoco, a un emprendedor de carsharing, a un coach deportivo, una diseñadora de modas, un alto ejecutivo de una empresa de aplicaciones para taxis, una emprendedora para servicios domésticos, un artista/cantante y un funcionario de alto rango en la industria del cine en México. Este país tiene talento, me queda claro.

Lo que me llamó la atención, sobretodo cuando expusieron los emprendedores (quizás los más jóvenes y brillantes de la reunión) sobre empresas que, de alguna manera, tienen siempre un riesgo de “confianza” implicito alto (Subirte a un taxi, o compartir tu coche, o solicitar una empleada doméstica a través de una app) fue que el tema se centraba siempre en el lado de la desconfianza que estas situaciones pueden generar. A tratar de establecer que tan “bullet proof” puede ser una app de equis o zeta funcionalidad que reúne a 2 privados a compartir un servicio y verse igualmente beneficiados.

¿Por qué somos así los mexicanos? ¿Por qué le damos tanto peso a ese porcentaje minoritario que siempre va a buscar agandallarse, darle la vuelta al sistema, perjudicar?

Me recordó un pasaje de un libro que estoy leyendo actualmente (Muy interesante por cierto “The (honest) truth about dishonesty”) donde el autor habla de lo que una vez escucho de un policía canadiense. “Las puertas cerradas con llave en las casas es para protegernos del 1% que querría entrar a robar, y para recordarle a otro 60% que no debe”

Y creo que por ahí está el meollo del asunto. Vivimos bajo la percepción de que el 61% busca romper la chapa y llevarse las joyas de nuestra abuelita. Y con esto no quiero decir que debamos dejar las puertas abiertas. No. Pero a lo que voy es que una chapa puede ser suficiente para detener a ese 1% y disuadir al otro 60%, que quizás caería en el terrible lema de “la ocasión hace al ladrón”.

Ahora, si lo vemos más a fondo, esta confusión de disuasión con paranoia se ve explícita en muchos de nuestros comportamientos y nuestra estructura jurídica. Leyes, procedimientos, trámites, burocracia y más burocracia que asumen que el 61% tenemos la intención de quebrar el sistema, y por tanto el sistema debe de ser protegido con tantas chapas, candados, y alarmas sea posible. A pesar de que esto nos convierta en seres paranoicos e imprácticos. A pesar de que nos lleve al límite de odiar nuestra propia casa cada vez que entramos o salimos.

¿Qué es antes? ¿El huevo o la gallina? ¿La desconfianza o el desconfiado? Hace algunos años escribí este texto sobre la paradoja de la confianza y la transa en México. Hoy creo que debemos de empezar a ver las enromes virtudes, no sólo económicas, sino de conveniencia de empezar a actuar bajo una premisa de confianza. De asumir que si un Taxi usa Yaxi o EasyTaxi, o decides irte a Queretaro con alguien que contactaste por Tripda, o si pides el servicio de una “aliada” para ayudarte con la limpieza de tu casa en Aliada, las probabilidades de que las cosas salgan bien siempre serán muy altas, y que los mecanismos de confianza e incentivos así lo predicen. Empezar a pensar en una chapa en la vida. No en veinte candados y alarmas. En comprender que las redes de confianza se construyen confiando. No al revés, pero sí viceversa.

La Política de Abajo a Arriba

La política es como la economía. Hay macro y micro. Macropolítica y micropolítica. Con el mismo alcance, con casi las misas diferencias y contradicciones. Con los mismos vínculos no claros y compleja correlación. Con un impacto similar en lo que corresponde a cada individuo y su corresponsalía y corresponsabilidad.

Por condiciones derivadas de mi ocupación principal, he estado involucrado en reuniones con algunos de los candidatos a Delegado de la demarcación en donde paso la mayor parte de mis días y donde tengo negocios  y la mayor parte de mi patrimonio invertido. Lo he hecho con una doble finalidad, provocar una participación del gremio en el que participo y por otro lado yo mismo formarme de una opinión más amplia y entendida de las propuestas, los puntos de vista pero sobretodo de las personas que hoy aspiran a gobernar esta delegación. He podido estar en reuniones en grupos pequeños con David Razú, Xochil Galvez, Laura Ballesteros, Arne aus den Ruthen, así como Agustin Barrios Gomez, candidato a Diputado por el distrito XIV.

Muchos vemos la política como una nubosidad amorfa, compuesta de mañas y corruptos, ligados a intereses violentos, intenciones perversas, y oscuros propósitos tras bambalinas que desconocemos pero sospechamos que siempre llevan mochada. Y puede ser cierto hasta que entendemos que esta organización desorganizada se compone de personas, y que esas personas tienen que responder a necesidades de otras personas como tu o yo que somos quienes a final los elegimos.

Se que no he dicho nada que no se salga de la obviedad, pero mi punto es que esta comunicación, este diálogo, el exponer los pequeños problemas que tiene una colonia, un gremio, un grupo de personas, de frente, a las personas que el día de mañana tendrán el poder de gobernarnos es el primer paso para construir una estructura participativa. Un gobierno que se autolimite no por reglas o por sanciones, sino por entender mejor que hay otras formas de ganar, y estas son haciendo bien las cosas.

No podemos pretender cambiar las grandes esferas de poder y sus prácticas sin empezar por involucrarnos en las escalas más inmediatas. En la elección de quienes tendrán la facultad de administrar los recursos de los que dependen el pavimento de nuestras calles o la limpieza de nuestros parques. No podemos pasar por alto la calidad ética y profesional, así como la experiencia de quienes aspiran a tener un asiento en ese gran escritorio legislativo de donde salen las leyes, que no sólo regulan nuestro comportamiento, pero que también debe regular el suyo.

Sin este contacto, sin esta intervención individual y sumada, será imposible cambiar las primeras esferas de nuestra realidad. Hoy estamos en un momento donde nuestra sociedad pide a gritos modelos ejemplares. No solo individuales, sino también de coparticipación, de integración y regulación. Pequeños experimentos donde sociedad civil, empresarios o el tercer sector empujen iniciativas y vigilen a quienes recibieron nuestra confianza.

Pensar que podemos impactar en nuestra macropolítica sin primero corregir nuestra micropolítica, es tan ingenuo como pensar que el crecimiento económico va a mejorar directamente nuestras carteras o nuestros negocios. Sí, sí puede impactar. Pero lo que dejemos de hacer en nuestro entorno micro no lo va a solucionar lo macro. Todo lo contrario, el involucramiento que tengamos en nuestra micropolítica, sí puede tener una repercusión en la macropolítica y generar los antecedentes, los cuadros y las propuestas que lleven, de a poquito, a mejorar las condiciones generales.

Así que la fórmula es de abajo hacia arriba. Estar presentes. Conocer a su legislador local y preguntarles cual es su agenda. O pedirles su opinión sobre los problemas que nosotros consideramos apremiantes. Fundamentar el voto, darle una razón, pero no dejarlo depositado. Ejercerlo. Pedir explicaciones y exigir resultados. Lo más fácil es a quienes, literalmente, nos vieron la cara. Nos convencieron o no durante la campaña. Y que pueden estar ahí, en las posiciones de toma de decisiones mientras nosotros lo decidamos.