De Leyes y Legisladores

Hipotesis Numero 1: Las Leyes están mal escritas, son esquizofrénicas y presumen su propio incumplimiento o buscan remediar el incumplimiento de otra ley.

El famoso estado de derecho se sustenta en las leyes. Pero sobretodo en su cumplimiento y en la virtud que su cumplimiento genera, o el problema que su aplicación evita.

Pero cuando el legislador no conoce de leyes, y cuando tiene un periodo finito y escaso para hacer ambas cosas (aprender a legislar y legislar) los resultados pueden ser catastróficos.

Este es un país de malas leyes, lo que conlleva a una deficiente aplicación y a la venta de corrupción que se abre.

Pero es un país de malas leyes porque las mismas leyes no nos impiden tener mejores legisladores (Catch 22!!!).

El popular debate sobre si deben o no existir los plurinominales es absurdo y limitado. Es más, que sean todos plurinominales, es no cambia nada de fondo. Lo que necesitamos, lejos del mecanismo en que son elegidos, son Legisladores con la capacidad de Legislar. Legisladores de carrera, de oficio, de experiencia y conocimientos. Muy lejanos a levantamanos o boxeadores o artistas o futbolistas. Necesitamos abogados, especialistas, estadistas, personas con una amplia integridad moral, pero sobretodo con (la mínima) capacidad. Representar por representar no ayuda. Muchas veces las mejores decisiones legislativas son las más impopulares.

Y luego viene la proyección de la idiosincracia del Mexicano a la hora de fijar cualquier regla: Alguien se va a aprovechar y le va a dar la vuelta al sistema.

Si se fijan, un alto porcentaje de las leyes llevan una clara presunción de que alguien le va a querer dar la vuelta, abusar o no cumplir. Eso hace de nuestras leyes, un mecanismo de sobreregulación absurda y compleja que nos impide ver que el 80-90% de las personas no buscan torcer el orden, y que aun con las leyes más estrictas, estas no detienen a esa minoría nociva.

Si las leyes se escribieran con una intención confiada y con la seguridad de ser cumplidas, tendríamos la mitad de las leyes y su aplicación generaría el doble de los beneficios.

El origen del origen del problema

El problema del país: Una terrible desigualdad social y un mediocre desempeño económico que se ha transformado en una mala calidad de vida para la gran mayoría de la población. Los componentes de Educación y Civilidad se ven comprometidos por un sistema educativo secuestrado, burocrático y con los objetivos incorrectos. Un orden jurídico que, en su compleja paranoia, parece favorecer la discrecionalidad de la aplicación de la ley. Finalmente, la mediocre división de poderes nos ha impedido salir de un orden de gobierno autoritario y sin contrapesos.

Reto a cualquier persona a resumir la problemática del país de una manera más completa en el mismo número de caracteres. (*Se siente profundamente orgulloso del párrafo anterior, al grado de que se la quiere mandar a su abuelita)

Regresando a la seriedad, aun en este esfuerzo de comprender de manera muy pragmática la realidad, es imposible no viajar de un problema a una causa, que a su vez tiene otra causa, que a su vez se deriva de un problema. Si no entendemos La Problemática (con mayúsculas) como una telaraña donde los nudos son causas fundamentales que se entrelazan entre si, y que tienen puntos de inflexión en manifestaciones diarias del problema, entonces encontrar las soluciones será igual de complejo que buscarle salida a un laberinto cerrado.

Tengo la sospecha, que quiero ir desmenuzando, de que esos verdaderos nudos no son los que todos creemos. O dicho de otra forma, los adjetivos no son suficientes para explicar sus causas y sus posibles soluciones. Pongo un ejemplo. Es casi ya un lugar común decir “los políticos son corruptos, en gran medida porque no hay consecuencias”. La premisa es innegable. En eso estamos todos de acuerdo. Pero ¿Qué más? ¿Qué hay detrás de esta idiosincracia corrupta a la que siempre nos referimos como país? ¿Somos así por ADN, o por decisión, o por ignorancia? No lo creo. Quiero pensar en que existen causas, en diferentes ámbitos que nos han llevado aquí. Causas desde un diseño institucional sustentado en la desconfianza, hasta una auto-percepción de los cuadros más corruptos de que NO lo son. Es decir, ¿Todos los políticos que son corruptos, se sienten corruptos? y si no, ¿Porqué?

Con esto no busco justificar. Sino entender más atrás. Es claro que todos se solapan, y comparten el negocio. Pero ante un negocio tan jugoso, ¿Porqué no existe una regeneración sistemática de los liderazgos políticos? La lógica diría que donde hay más dinero, mejor talento es atraído. Claramente este silogismo no aplica en la política. ¿Entonces?

Ayer tuve una plática sobre estos temas. Es increíble el nivel de frustración que alcanzan estas discusiones cuando se llega al punto de pasar del diagnóstico al plan de acción. Se llega siempre al famoso americanismo “Catch 22″que resume la paradoja a la hora de querer plantear decisiones:

“A catch-22 is a paradoxical situation from which an individual cannot escape because of contradictory rules. Catch-22s often result from rules, regulations, or procedures that an individual is subject to but has no control over because to fight the rule is to accept it. Another example is a situation in which someone is in need of something that can only be had by not being in need of it. One connotation of the term is that the creators of the “catch-22″ have created arbitrary rules in order to justify and conceal their own abuse of power.” (Vía Wikipedia http://en.wikipedia.org/wiki/Catch-22_%28logic%29)

Admitir la naturaleza paradójica del posible camino hacia las soluciones, nos puede permitir vislumbrar otros caminos. Atacar diferentes frentes. Ocasionar cambios que no caigan en la lógica de la propia expectativa que se tiene del cambio. Y así, quizás, logremos un resultado diferente.

Aquí me gustaría escribir sobre esos aspectos. Los no obvios. Los fundamentos de un diseño institucional que fomenta la no institucionalidad. La importancia de comprender los mecanismos que justifican la corrupción, renombrando a la corrupción misma. Revelar las virtudes de entender el cambio político en la tenaza top-down, bottom-up y porqué deberíamos de participar mucho más en las elecciones de jefe de manzana. Destilar el para qué de la educación, más allá de sus objetivos utilitarios, y comprender la profundidad y permanencia que estos nuevos fundamentos puedan impactar en La Problemática.

Comentarios y sugerencias siempre bien recibidas.

 

¿De a cómo el kilo, el voto?

Pues así empiezo. No es la primera vez que escribo de política. Me encanta. No la política, sino escribir de ella.

Como en los restaurantes existe la magia de crear experiencias, la política tiene un valor intrínseco que muchas veces se subestima, pero que en definitiva motiva a estar ahí, a hablar de ella, a juzgar desde posiciones desgarradoras o opinar en corto. Este valor es la capacidad en presente de escribir la historia.

 

Me parece imposible que un amante de la historia sea indiferente al presente, como debería ser innato del político conocer la trayectoria de los hechos pasados que lo llevaron ahí. Más frecuente el primero que el segundo, desgraciadamente.

Pero bueno, al final del día es participar, al menos con el interés y la voz limitada que cada uno pueda tener (aunque suene a bullicio tuitero y lugar común). Una idea bien sembrada puede generar cambios insospechados y la virtud transformadora del cambio no es el cambio en si, sino la habilidad desarrollada para cuestionar las diferentes estructuras del presente, que otros llaman Verdad.

La comidilla política no es mas que goteo transformador, o en la misma línea de pensamiento, un pequeño espacio de cuestionamiento. Con sal y pimienta propios. Con el sazón característico de quien disfruta el combate salvaje desde los burladeros. Con un voto en la mano y sin despensas.